martes, 17 de mayo de 2011
Tras despedirnos del veterano Doven Staul en la posada, procedimos a discutir nuestro siguiente paso. El ambiente en Refugio Invernal seguía siendo igual de opresivo que antes o incluso más, como pudimos observar en la puerta de entrada a la ciudad. Se encontraba cerrada a cal y canto y fue difícil para nuestro grupo convencer a los guardias para que nos permitieran entrar.

Decidimos volver sin más dilación a la tienda de Bairwin, el ladino tendero traidor. Nos planteamos como excusa para volver la "faceta juguetona" del semielfo y su necesidad de nuevos pantalones acordes a su atuendo. Los pantalones humanos que robó en la tumba del dragón fueron útiles, pero ya era hora de que volviese a su aspecto normal. Dentro del establecimiento, Kannon, Lilith y Astaroth se adelantaron hacia el mostrador mientras Andrew y yo nos quedamos más atrás vigilantes. En ese momento reparé en la posibilidad de que el coqueto semielfo se tuviese que probar los pantalones y recé a Oghma para que no lo hiciese delante de todos, dado que ya nos había confesado que no llevaba nada debajo de sus pantalones quemados. Es probable que Andrew pensara lo mismo porque una mueca de horror se dibujó en su rostro.

Tras enseñarle Bairwin varios atuendos, finalmente se decantó por unas mallas de lino color pardo cuyo precio juzgó justo, apenas un buen puñado de monedas de oro. Lilith también debió reflexionar sobre la posibilidad de verle las posaderas al semielfo, porque intentó convencerle para que se comprara ropa interior, pero Kannon no pareció dispuesto a renunciar a su "libertad interior".
Mientras se efectuaba la transacción, Andrew comenzó a hablar sobre la excavación en lo que él entendía que era un modo sutil, pero con unas insinuaciones muy directas, tras lo cual Lilith decidió directamente recurrir a la intimidación. La reacción de de aquel gusano no se hizo esperar y, tras entender claramente nuestras intenciones, emprendió la huida por una puerta situada detrás del mostrador. Lilith se precipitó tras él, y todos seguimos a la guerrera, siendo yo la última en entrar. Bajamos unas estrechas escaleras que nos llevaron a una sala pobremente alumbrada, con bancos a ambos lados. En el pasillo central se extendía una alfombra adornada con tres círculos negros rodeados por una circunferencia morada. Lilith identificó dichos círculos como el símbolo de Shar.



En la sala avistamos dos figuras humanas, aunque no eran humanos corrientes, ya que se encontraban dotados por la sombra: su piel se veía oscurecida y sus ojos eran completamente negros a excepción de una circunferencia púrpura. Para completar la siniestra imagen, estos engendros portaban unas guadañas de aspecto espeluznante. Estos seres no eran los únicos presentes en la sala, los acompañaban dos espectros armados con espadas cortas. Al fondo, se encontraba el tendero blandiendo un bastón con rostro amenazante.
Mientras bajábamos las escaleras, Lilith reparó en que los bancos podían acoger a mucha mas gente de la que en ese momento se encontraba allí. Nos preguntamos entonces si aparecerían más presencias del plano de las sombras. Kannon tomó la iniciativa, aunque en vano, ya que su tiro no fue certero, y en ese momento, las sombras se adelantaron hacia nosotros. Lilith se acercó a ellas y le asestó a una de las sombras un duro golpe, digno de una guerrera de su calibre. Mientras tanto, Andrew, que también se había unido a Lilith en las primeras posiciones, invocó un resplandor que dejó tocados a los dos espectros. El divino resplandor también había llegado a unos de los humanos pero no fue suficientemente fuerte para afectarle. Decidí entonces tomar partido en la batalla conjurando una bola de fuego donde estos espectros se encontraban, con la cual conseguí hacerles daño, aunque de nuevo el humano de antes se libró de sus consecuencias. Ambos humanos atacaron a Lilith y Andrew dejándolos algo magullados, pero no pude ver más porque en ese momento mi atención se centró sobre un chaleco que se movió en el fondo de la sala lanzando un hechizo hacia mi y, desde ese momento, todo se volvió negrura a mi alrededor.
El fragor de la batalla me envolvía, y todos los sonidos se mezclaban en mi cabeza, haciéndome perder casi por completo las referencias de cuanto me rodeaba. Decidí que lo mejor en mi precaria situación era quedarme quieta y mantener viva mi esfera de fuego. Oí a Astaroth gritar de dolor y mucha agitación, no conseguía enterarme de lo que estaba ocurriendo y recé a Tymora para que me ayudase a recuperar la vista, pero no pareció que atendiera a mis súplicas, la oscuridad seguía rodeandome. Sonaron también unos quejidos guturales muy desagradables que recocí como de nuestros enemigos, así que moví la esfera sirviéndome de los lamentos como referencia para intentar dañarles. Volví a generar una nueva explosion de llamas que generó más alaridos que erizaban la piel. Todos mis compañeros me gritaron entonces que les había dado y que estaban bastante dañados. Más gritos de júbilo me informaron que debido a mi explosión de llamas una de las sombras desapareció y que alguno de nuestros enemigos había quedado más dañado. ¡BIEN! Me reconfortaba saber que, aunque privada de visión, aún podía ser útil. Lilith lanzó un poderoso alarido de guerra que fué seguido de otro alarido de dolor que salía de Bairwin ¿por que me tenía que perder tales imágenes? Volví a acordarme de Tymora suplicante, ya que la negrura se hacía más insoportable. Seguía manteniendo viva mi esfera y creo que debí dañar con ella de nuevo al mismo humanoide que antes por los sonidos que llegaron a mi. Agradecía en estos momentos tener el agudo oído propio de mi raza. Después me contaron que Lilith se interpuso entre el mercader y yo y, aunque no consiguió acertar en el ataque, me dió una referencia con la que guiar mi esfera hacia el insecto con chaleco. A la primera no conseguí saciar mi sed de venganza, pero al provocar una nueva explosión de llamas, conseguí dejar maltrechos a los dos humanoides. También me contaron que luego fue el momento estelar de Kannon. Primero, consiguió terminar con uno de los humanoides y posteriormente dejó maltrecho al espectro que quedaba. Entonces entendí (sin poder reprimir una sonrisa) el grito que oí del semielfo en mitad de la batalla: "¡HE HECHO COSAS!
Sonaron en la sala las palabras curadoras de nuestro clérigo, y estas fueron seguidas por un alarido enérgico del renovado Astaroth diciendo "¡LE PEGO AL MALOOOOO!". Tras unos instantes llegaron a mis oídos gritos de Lilith diciendo "¡HA MUERTO! ¡HA MUERTO! ¡HA MUERTO!" De pronto volvió la luz a mis ojos y me encontré con un paraje desolador, aunque comprobé con gran alivio que todos mis amigos seguían con vida. Me di cuenta entonces que mi esfera se encontraba peligrosamente cerca de Astaroth. Me apresuré a disculparme, pero el tiflin le restó importancia indicándome: "No hay problema, yo me ducho con fuego".
Bairwin comenzó a correr, pero Lilith le frenó lanzándole su espada a los pies con la intención de sesgarle los tendones, y este contratacó con una oleada de oscuridad que casi me alcanzó. Por desgracia, si alcanzó tanto a Astaroth como a Andrew dejándolos cegados. Lilith se acercó al mercader gritando que pretendía darle "con todo lo gordo" (¿?) y, aunque aplicó todas sus ganas, no consiguió dañar al odioso vendedor. Andrew corrió para subirse al banco que se encontraba delante de mi y divisé en primera línea como, en lugar de subirse, sólo llegó a darse un rodillazo contra el respaldo. Un enemigo aprovechó su carrera para asestarle un golpe que le dañó bastante pero, a cambio, consiguió recuperar la visión. Juraría que en ese momento susurró "mierda" al darse cuenta de lo erróneo de su estrategia. Decidió concentrarse en curar su magullado cuerpo mientras Astaroth, que se había quedado inmóvil además de cegado se revolvió con fuerza consiguiendo romper sus invisibles ataduras. Volví a usar mi globo en llamas contra el espectro que quedaba y le hice desaparecer.

Bairwin se había quedado solo, y todos centramos nuestra atención sobre aquella ladina figura. Tras un estéril intento de Lilith, Kannon, lleno de rabia (lo que consideré normal, dado el elevado precio de sus mallas nuevas) remató al mercader hasta dejarlo fuera de combate. Había llegado el momento de obtener respuestas. Andrew consiguió estabilizarlo mínimamente, aunque no salvarlo de una muerte segura y, tras muchas toses sanguinolientas, comenzó a hablar. Nos indicó que Shar era su señora y que nuestros esfuerzos carecían de importancia porque pronto estaríamos todos muertos por las garras de Shadraxil. Murió antes de que pudiesemos extraer más información que una pequeña mención a una fortaleza. Sospeché en ese momento que se trataba de la fortaleza del Páramo Sombrío.
Comenzó entonces una discusión en el grupo en referencia al destino que deberíamos darle a todas las cosas que se encontraban en la tienda del difunto Bairwin. Unos pretendíamos quedarnos con todo lo que nos pudiese ser útil (incluido el dinero) y otros no veían ético dicho comportamiento. Mientras discutíamos comencé a fijarme en la alfombra y lamenté no darme cuenta hasta entonces... ¡Esta alfombra había estado fortaleciendo a los enemigos contra nuestros ataques!. Kannon descubrió una puerta oculta que daba a una sala llena de estanterías, además de un cofre. En esta sala también descubrimos una carta entre Kalarel y Bairwin, en la cual el primero informa que el último abastecimiento será suficiente y que liberarán al dragón.



Además, supimos que el culto a Shar, el cual se estaba dando en varias regiones, hacía que los cultistas se transformaran paulatinamente en entes del plano de las sombras. Podían ver en las oscuridad y adquirían poder necrótico. Los más devotos incluso llegaban finalmente a ser sólo una imagen de si mismos.

Habíamos adquirido nuevos conocimientos pero aún se mostraban ante nosotros multidud de incógnitas. En aquella cargada sala decidiríamos nuestro siguiente paso...

- Earsel -

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